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EL ECO DE LOS ÁNGELES

Me exprimieron hasta dejar mi ilusión muda.
Me dejaron los pulmones amargos y encharcados de palabras
muertas en el pecho.
Me metieron en una jaula pero cuando pude salir había olvidado
qué era volar.
Me convencieron de que los espejos jugaban al escondite conmigo.
Pero nadie pudo callar mis manos.
Nunca pudieron y nunca podrán.

 

Nea Thea.