EL ANGEL DE LA DANZA

Esmeralda, la persona que me enseñó a hacer con el cuerpo lo que a mí me encanta hacer con las palabras: BAILAR.

Nadie como ella habla
el idioma de la danza.
Su cuerpo es melodía,
belleza subtitulada.

La danza le da
cobijo,
una abrigo,
una morada
y otras veces
le atormenta
rompiendo sus
lindas alas.
Alas hechas
de tul…
del tul de su falda.

Nadie como Esmeralda.

Alas hechas
de sueños
y rellenas
de esperanza
y de caminos
que construye
cuando sus pies
levanta.

Sabe bien
peinar el viento
con su dulce
movimiento.
Como la risa
de un niño,
el aire fresco
en la cara
o el suspiro
de un hada.

             ¡SALTA!

Sabe también
bailar
el silencio
cuando
el público
la mira.

             ¡GIRA!

Cuando sale
al escenario
una tormenta
de ilusión
provoca
y hasta
el último poro
cala.
He visto
colores nuevos
con la danza
de Esmeralda.

Si le falta
la música
escucho
el llanto
de su alma
como tres gotas
de lluvia
que al chocar
en la ventana
le susurran
al oído:

           ¡BAILA, BAILA, BAILA!

                Nea Thea.                           


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