EL ECO DE LOS ANGELES.

Me exprimieron hasta dejar mi ilusión muda.


Me dejaron los pulmones amargos y encharcados de palabras muertas
en el pecho.


Me metieron en una jaula y cuando pude salir había olvidado volar.

Me convencieron de que los espejos jugaban al escondite conmigo.


Pero nadie pudo callar mis manos.
Nunca pudieron y nunca podrán.

Nea Thea.


4 pensamientos sobre “EL ECO DE LOS ANGELES.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *