ESPEJO, ESPEJITO. (La metamorfosis del bien tridentado)

Espejo, ¡no te muevas!
quiero conocerte
a través de la ventana del plagio.

Háblame.

-Mi corazón no tiene velcro
solo ritmo, apogeo y perigeo.
Si grito puede arder el hielo
que minutos antes bailaba
líquido en mis silencios.

¿Qué necesitas?

-A veces necesito asideros para no caer.
Otras, necesito sogas para desaprender.
Todo aquello que me hace daño
me hace más fuerte.
De sudor y escamas se licenció mi piel.

A menudo solo necesito
el sendero de una pestaña
para morir y renacer
en mi ley antiasfalto.

Dibújate.

-Me dibujo cuarto menguante
pero nueva y llena estoy
de creciente pasión.
Luz de luna en mis mejillas
mientras charlamos en mentideros
y proclamamos las hazañas del hombre.
Llenos tengo los cajones
de retales de humildes victorias.
Dentro del baúl lapislázuli
hay éxitos roídos por los ratones.
Soy el gólem que vio
a muchos dioses desvanecerse
tras tirar de un hilo.

¿Eres real?

-Soy Deidad y Divinidad,
soy el mito y la fábula.
Soy la metamorfosis del bien tridentado.
Muchas veces parezco ébano
pero cuando me pudro
soy bioluminiscente
como los hongos de la madera
al descomponerse: fuego de hadas.

¿Quién eres?

-Soy el único volcan
que implosiona lava azul
para desorientarte
y que así sigas disfrutando
de la aurora boreal.

¿Sufres?

Cada vez que aprieto mis nudos
lloro por cada uno
de los botones que perdí.

No te veo llorar.

-No son mis lágrimas fantasmas.
Son tus ojos empañados
los que no pueden verlas.

Eres un diez.

-Sin duda NO lo soy.
En ocasiones
solo soy un cero
apoyado
en una columna.

¿Qué nos diferencia?

-Cuando me rompo
en mil pedazos
puedo hacerlo en silencio.

Nea Thea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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