LA VISITA

Llaman a tu puerta.

Es el miedo vestido de pasado y tatuado de los lunares que te vieron crecer.

Te detienes en seco y cuando quieres reaccionar ya es demasiado otoño.

Un roble ha dejado su testamento en el salón y se ha convertido en una alfombra de hojas amarillas. Cada vez que el miedo las pisa tiembla
una cicatriz pero ya es tarde. La visita ha entrado.

Entonces ves el barro seco en las botas del miedo pero ya no hay petricor
ni aroma alguno.

-Siéntate, tomemos un café. No te vayas tan deprisa pues sé que vienes a decirme algo y quiero saber qué es.

Y el miedo, asombrado, levanta su mano temblorosa y me señala con
tal fuerza que siento las puntas de sus rancias uñas clavarse en mi aliento.

-Te entiendo pero no te necesito más aquí. Ya me has enseñado bastante.

Mis palabras le abrazaron y el miedo se hizo noche.
Algunas veces le oigo susurrar en la ventana.
Siempre quiere entrar.

 

Nea Thea.

 


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