SOBERBIA

 

 

 

Oculta tras el yelmo de la vergüenza
– que no permito que viva-
pinto con sangre el espejo
que nunca se me antoja.
Me salto las presentaciones
de mí misma
mientras tomo café de orgullo
en el jardín de mis trincheras
pues debo defenderme
de los fantasmas
que yo solo puedo ver.

 

Uniformada por un odio
que se me hace bola
en la garganta
tacho los días que se grapan
en mi conciencia
de sobrepeso.

 

Soy inadmisiblemente encantadora
a pesar de tomar las riendas
de un caballo equivocado
en un no lugar
y en un no momento.
No te extrañe que quieras
apostar por mí,
la lujuria brilla en mis lomos.

 

Vale, lo confieso.
En ocasiones
tengo que hacer zapping
en mi praxis catastrófica
porque podrías ver
espinas en mi corona.
Quiero tus trofeos
y los quiero hacer míos.
¡Necesito el reflejo
robado del oro
para brillar!

 


Líbrame de ser engullida
por esa bestia llamada humildad.

 


Si a veces doy tumbos
solo es porque llevo
el zapato derecho
en el pie izquierdo.
Antes muerta que descalza.

 

No es para mí
la reflexión de sobremesa.
Solo necesito
hablar del tiempo
en un ascensor.
Nada más. Nada menos.
Del látigo solo he probado el mango.
Así es. Así será.

 

Pero quiero que sepas algo.
De donde yo vengo
hay un origen.
Un disparo. Una amenaza.
Porque aunque no te lo creas
yo también quiero
sacar un seis doble
y comenzar a jugar.

 

A veces me cansa
ser tan saprofita
y engullir los huesos
de las conciencias.
En el fondo solo es miedo
y prefiero perder el juicio
que ir a un juicio
que ya creo perdido.

 


Duele demasiado
aceptar lo que fui
así que
entre tú y yo,
nada fui. Nada pasó.


       Nea Thea.












 

 

 

 

 


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