UN DÍA FUIMOS VIEJOS


Cómo vamos
a olvidar
que un día
ya fuimos viejos.
Viejos de espíritu,
viejos de ilusión.


Cansados de sentir,
pesados y hastiados.
Nuestra boca
estaba llena de arena.
El alma estaba flaca
pero rebosante
de obstáculos.


Un día
fuimos viejos
y creímos haber
vivido todo.


Por ello encerramos
nuestros sueños
en cajas de zapatos
y giramos el cuello
para vivir
detrás
de nosotros.


Fuimos guiados
como cíclopes
hacia un abismo
de recuerdos,
de remakes
y reposiciones.


Fuimos zombies
maquillados,
maltrechos
hacia el cartel
“se vende”.

Buscamos cobijo
en féretros
fenestrados,
en laureles secos
y con coronas
de voluntades
que dormían
“a chorro”.

 

 

Un día
fuimos viejos.
Levantamos el colchón
buscando
perras viejas
para poder comprar
sonidos y oídos.

Nos dejamos
abrazar
por la tierra
que nos cubría,
la que nosotros mismos
nos pusimos
encima
cuando nos rendimos.


Y si volvimos
a la luz
-los que volvimos-
fue gracias
a las lombrices.
Entre tierra y ceniza
coleteaban
húmedas.


Así
pudimos recordar
el agua
que nos hizo brotar
el alma crisálida.


Sálvese
quien pueda
-y quien quiera-


Quiero recordarte
que un día
te encerraste
perpetuo y añejo.


Más valió
la pena
haberte ido
solamente
por volver
y aprender
qué es
ser viejo.

 

 

Nea Thea.

 

 

 

 

 

 


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