Y CUÁNTO

Asumo
la primitiva idea
de querer guardarte
en un cajón.
Lo dejaré abierto
para que respires
o marches
cuando gustes.

Me he bañado
en el éxtasis
del equilibrio
y empapada de él
salpico al mundo
con mis garabatos.

Aún recuerdo
el olor a invierno
y a sábanas frías.
Ya no me perturba.

Al contrario.
Me ayuda a sentir
con más excitación
la gran calidez
del trabajo bien hecho.

Me inspiras.
Y cuánto.

Me dejas sin filtros
y tu día a día
me empuja
a detenerme
en las pequeñas cosas
que suelen ser
las más grandes.

Es más que
una cuestión
de amor.
Y cuánto.

Acepto y abrazo
cualquier sentimiento
que me invada.

Amo mi levedad.
Y cuánto.

Me ordeno
aprender
de cada momento
y dejo a menudo
que Stendhal
me posea.

Pierdo los papeles.
Y cuánto.

Escribo en ventanas
y pinto con los pies.

Me derramo
en los demás.
Me encanta.
Y cuánto.
A veces se trata
de calcular bien
la dosis.

Si me pierdo
me espero
en la esquina
de siempre.
¡y me alegra
tanto verme!

Satisfago
mis bocas
de placer.
Y cuánto.

Trago belleza
sin parar.
Soy música,
arte,
sexo,
poesía…
Soy todo
lo que como.

Cuando salgo
de casa
nadie
me espera.


Pero ya
no me siento
desnuda
cuando nadie
me ayuda
a subir
la cremallera.

Estoy orgullosa.
Y cuánto.

 

Nea Thea.

 

 

 


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