¿A QUÉ SABE EL AZUL?


29/07/2016.

La profecía anunciaba un nuevo fin del mundo.
Y así fue.

Mientras la tarde húmeda chillaba sin parar
Liú cayó revenida al suelo
donde se transformó en una Isolda
derretida por ese calor insultante
que no daba la más mínima tregua.

A través de los poros del teléfono
su voz gélida le azotó
con intervalos de escalofríos.
Sí, yo era Isolda.
Resucité a Lázaro por la mañana.
Lo que desconocía es que horas más tarde
le cubriría con la sábana santa
para no mostrar su cadáver.

El ruido de la ciudad se esfumó a latidos
y yo me cubrí de hormigas.

Hace muchos años vi tu piel mojada tras la tormenta.
Era fresca, temblorosa y vestía
como el primer lunes del mes.
Ahora tus lunares se han graduado
y son cráteres.
Primero la voz,
luego la piel,
por último el alma
que rueda por un suelo
cubierto siempre de naipes.

La impostura ha conseguido la talla 38
y luces radiante
pero hasta el dolor viste de Prada.
He observado que tu alma
no es lino ni seda.
Después de tantos lavados
se ha convertido en poliéster.

Tras varios años de alquiler en el barro
seguías buscando una escritura
y yo seguía creyendo que conocías
a todos los notarios del país,
un país que tras la medianoche
solo era un zapato viudo
en manos de un príncipe.

Ojalá te hubieras podrido cuando te lo pedí.
De esa manera las flores secas de tu jardín
no destilarían ningún aroma
y tu tanatopractor estaría ahora en Baleares
disfrutando de una «puesta»
-de una puesta de sol-

Tu creías que era erotismo.
¡Qué ingenuo!
Nunca sentirás en tu cara
el aliento de la persona
que anuncia las estaciones del metro.
Eso que llamas placer
es un miserable papel de regalo
que envuelve todo
lo que te negaron de pequeño.

A la mañana siguiente
te despiertas desnudo en el campo
y lo sabes.

Ese decorado se paga con el dinero
del bote de las palabrotas
y cuando los tramoyistas
llegan a las seis de la mañana
el teatro se queda vacío.
Como tú.

Y vuelve el hambre. Vuelve la sed.
-pero por la tarde-

Desde que los comercios abren los domingos
hemos perdido el respeto
y ya compramos cualquier cosa.

Yo no juego en tu partida
por mucho enroque que me asignes.
Tú no eres el rey ni yo la torre.
Esto es tu «solitario».

Solo soy la luz del ascua
que te recuerda
que no puedes volar
pero a ti te sigue excitando
pensar en esa posibilidad.

¡Guarda de una vez a Superman en el cómic!
Allí debe estar.

¿de qué te sirve tener un arpa en casa
si tras él puede verse una copa de bourbon con carmín?
Contigo la frase «tener arte para esconder»
cobró su mayor sentido.

GRACIAS. Mil gracias.

Mi biblioteca tras conocerte está henchida
y dejaste mis bragas afónicas.

Ahora mis cervicales
han vuelto a sus sitio.

Reza a Platón para que te quite las cadenas
de los camellos de la adolescencia.
Fuera de la caverna el sol duele
-pero solo al principio-

Te lo ruego.
No vuelvas a vender imitaciones
y limpia tu orín
porque donde yo vivo ha llovido suficiente
para distinguir nubes de penes.

Fuiste una edición dominical de regalo.

Te deseo mucha suerte
y que recuerdes a la que escribe:
«la que te enseñó a qué sabe el  azul».

Nea Thea.

 

 


2 pensamientos sobre “¿A QUÉ SABE EL AZUL?”

  • Demoledor… un K.O técnico para cualquiera que se atribuya este relato, gran puñetazo encima de la mesa que nunca llega tarde y todos en algún momento hemos tenido que dar.
    Enhorabuena Nea Thea por hacer del dolor una obra de arte, por ahora ( espero y deseo que sea superado) además del emotivo adiós de tu padre, ha sido tu relato más impactante y conmovedor… me remueves el corazón no sabes cuanto!!!’

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