Todos los cromos
me tocan repetidos.
Sólo quiero cambiar
almohada
por carne,
cambiar sal
por luz.


Siento cada paso
de mi respiración
como un escalador
con las botas llenas
de barro
en mis pulmones.
Lleno con aire «prestado»
un globo de nostalgia.
Mi alma se evapora


No escucho risas.
Son cuchillas del pasado,
grillos insolentes,
voluntades tartamudas
en un reloj clavando garras
a menos cuarto.

El olor del café
no consuela
y las bocas lloran
en tazas
que se funden a negro.


Los sitios de siempre
se vuelven extraterrestres.
Y no puedo parar de llover
por las aceras del recuerdo.
Son las estrellas ahora
las que me contemplan a mí.

Soy un mensaje
con un sobre
sin destino
ni remitente.
Ahora, soy solo ficción.

Soy la fotocopia de un latido.

Nea Thea.