LA MALETA

DEDICADO A ALVARO Y A TODAS ESAS PERSONAS QUE ME AYUDAN A MANTENER  «NUESTRO ESPACIO AEREO» EN CALMA.

Lo sé pequeñín.

A veces cenas las estrellas en distintos platos,
y las patas de tu cama son camaleones.

Zapatillas daltónicas,
escenarios multicolor
y calendarios convertidos
en un cuadro de Picaso.

Eres el viajero más valiente que conozco
y tu altitud no conoce límites
mientras tu motor es sonrisa.

A veces improvisamos el postre,
nos lo envuelven para llevar
a la incógnita de las circunstancias
y el desayuno cambia de apellido.

Lo sé. Y lo siento.

Daría todo lo que tengo
por empadronar todas tus huellas
en mi nido,
por adoptar indefinidamente
el eco de tu risa
en las paredes de mi morada.

Pero nos tocó un billete abierto
y el destino se hace invierno
antes de la caída de la hoja.

Lo sé. 

Lo único que puedo prometerte
es que después de cada embarque
todas las puertas te llevarán a mí.


No imaginas lo que duele
querer tanto a alguien
y soportar tanta escala,
tanto retraso
y tanta turbulencia.

 

Quizás mamá, por ello,
se hizo tripulante de cabina
porque…
todas las azafatas van al cielo,
un cielo del que nunca me moveré
para dártelo en cada vuelo.

 

La esperanza y la ilusión
serán nuestro equipaje de mano,
viajarán en ventanilla y pasillo.
Yo estaré en el medio,
para despegar tus soles
y aterrizar tu lunas.

 

Y pase lo que pase
nunca nos cortarán las alas.

 

Nea Thea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


6 pensamientos sobre “LA MALETA”

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